No te cambiaria por nadie camilo sexto

15-Dec-2017 06:36

Homero en la Ilíada comparó a los hombres con las hojas que, mientras unas germinan, otras verdean y aquellas se marchitan.Horacio aplicó la metáfora homérica a las palabras: «Como el bosque muda de follaje al declinar del año y caen las hojas más viejas, de la misma manera perece la generación antigua de palabras y, al modo de los jóvenes, florecen y tienen brío las nacidas hace poco» (Arte poética).Lo malo es que lo humano, como el resto de lo creado, tiene un pecado original: su caducidad.Cuando se hojea un libro antiguo, de inmediato llaman la atención dos cosas.Estas últimas y enigmáticas palabras plantean una pregunta interesante: si el andaluz era el grado más avanzado —o más degenerado, visto desde otra perspectiva— de la lengua, ¿esperaba quizá Gracián que, concluida la progresión en la península ibérica, la evolución del español prosiguiese en América?Pudiera ser: justo por aquellos tiempos empezó a tener fuerza la conciencia criolla, un sentimiento nacional que no dejó de alarmar en la metrópoli.Al sacamuelas del Siglo de Oro le sucedió el más empingorotado dentista.Pero dentista pareció una palabra demasiado llana y comprensible para el vulgo y muy pronto fue sustituida por un helenismo, el odontólogo (odont- 'diente'); y no falta hoy quien presuma de hacer la ortodoncia, es decir, 'la rectificación de los dientes' ( ortho- 'recto', la raíz que tenemos en orto-grafía 'escritura recta') e incluso la periodoncia 'el entorno de los dientes' (peri alrededor').

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En segundo término, el significado de algunas palabras resulta ininteligible: incluso el vocabulario de Cervantes es, a veces, un hueso duro de roer.

Si bien se mira, la historia de nuestro léxico viene a ser una constante pugna entre la evolución normal de la lengua y la reacción cultista: una y otra vez resulta fundamental la intervención del individuo, que frena el cambio fonético y repone la forma latinizante.

Normalmente quien se opone a la corriente vulgar no es un hombre solo, sino una parte significativa de la sociedad (la iglesia, la nobleza, después los literatos); pero a Góngora se le atribuyó en exclusiva una revolución del vocabulario poético, de modo que Quevedo pudo zurcir, jocosamente, varias listas de voces culteranas: una de ellas lleva el título burlesco de Aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día .

Prólogo Si hay algo que distingue al hombre de los demás seres vivos es el lenguaje.

Muchos animales pueden expresar sus sentimientos y aun organizarse colectivamente para realizar determinadas actividades, pero a nadie se le escapa, por grande que sea su amor a las hormigas, los orangutanes o los delfines, que carecen de un sistema lingüístico tan complejo y abstracto como el del hombre.

En segundo término, el significado de algunas palabras resulta ininteligible: incluso el vocabulario de Cervantes es, a veces, un hueso duro de roer.Si bien se mira, la historia de nuestro léxico viene a ser una constante pugna entre la evolución normal de la lengua y la reacción cultista: una y otra vez resulta fundamental la intervención del individuo, que frena el cambio fonético y repone la forma latinizante.Normalmente quien se opone a la corriente vulgar no es un hombre solo, sino una parte significativa de la sociedad (la iglesia, la nobleza, después los literatos); pero a Góngora se le atribuyó en exclusiva una revolución del vocabulario poético, de modo que Quevedo pudo zurcir, jocosamente, varias listas de voces culteranas: una de ellas lleva el título burlesco de Aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día .Prólogo Si hay algo que distingue al hombre de los demás seres vivos es el lenguaje.Muchos animales pueden expresar sus sentimientos y aun organizarse colectivamente para realizar determinadas actividades, pero a nadie se le escapa, por grande que sea su amor a las hormigas, los orangutanes o los delfines, que carecen de un sistema lingüístico tan complejo y abstracto como el del hombre.Los cambios lingüísticos, sin embargo, suelen producirse muy lentamente, luego el hablante apenas se da cuenta de la mutación que se está efectuando y de la que es actor inconsciente.